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Los Rostros Olmecas

En los rostros provenientes de la cultura Olmeca, esa cultura en que se encuentra íntegramente manifiesto el pensamiento cosmogónico que funda la unidad y grandeza de toda la antigua cultura mexicana; en los rostros, pues, que de ella provienen, se revela su secreto mayor: su labio superior se ensancha para figurar el perfil de dos cabezas de serpiente que se enfrentan.

 

Como si los olmecas hubieran decidido suprimir toda duda acerca del significado del antes referido ensanchamiento del labio superior en sus representaciones del rostro humano, en una época tardía, ya por desaparecer, esculpieron este rostro.

La intención no puede ser más clara: allí está la típica boca trapecial olmeca; allí, en el ensanchado labio superior, toma relieve el perfil de dos cabezas serpentinas enfrentadas: unidas al ser humano, las dos serpientes divinas constituyen la unidad que creará el universo.

 
Dos son las maneras principales en que tales rostros se nos muestran: la naturalista y la de rasgos estilizados. Ejemplo de estos últimos, nos lo dan las llamadas hachas ceremoniales. Todos los rasgos en ellos son variables, salvo uno: análoga a la del citado rostro del Museo de la Universidad Veracruzana, su boca es trapecial y se ensancha en el labio superior; es, así, una suerte de simbolización de las dos cabezas ofidias frente a frente.
Los rostros naturalistas hallan su mejor ejemplo en los de las llamadas cabezas colosales, con su labio superior ensanchado. Tres de ellos establecen abiertamente lo que con tal ensanchamiento se está significando: una, la más antigua, la 5 de San Lorenzo, y las otras dos, la 2 y la 3 de La Venta. La de San Lorenzo, perfectamente conservada, tiene el labio superior claramente esculpido en dos secciones, figuración simbólica de las dos cabezas serpentinas; la misma figuracion se advierte en las dos de La Venta, a pesar de su lamentable estado de conservación.
Si después de observar esos tres rostros se examinan los de las restantes cabezas colosales, se advertirá que eso mismo está simbolizado en su labio superior.

 

Ejemplo de un rostro naturalista en una figura completa, es el llamado Príncipe de Cruz del Milagro; de un rostro de rasgos estilizados en una figura de esa característica, es el Monumento 10 de San Lorenzo. Siendo la estilización de los rasgos faciales el medio con que los olmecas expresaron los grados de manifestación de la esencia humana, es posible comprender, así, que el Príncipe de Cruz del Milagro es imagen de la pura humanidad, cuya aspiración a niveles superiores está señalada por la amplitud del labio de arriba de su boca.

 

 
El Monumento 10 de San Lorenzo, a su vez, sería la representación de la plenitud de la esencia creadora del hombre, en su máximo esplendor. El tiempo se fija, deja de transcurrir, y el hombre se trasmuta en pura eternidad.
Así pues, por lo plasmado en sus imágenes se advierte que los olmecas estimaban que la facultad de intervenir como materia y motor en la creación universal, era la condición esencial del hombre; necesariamente y en cualquier circunstancia el hombre se consideraba el creador. Y dado que el universo, con su intervención, estaba ya hecho, su poder de creación se manifestaría ininterrumpidamente en la tarea de preservarlo y orientarlo hacia su más alta perfección.
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